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sueños de syl
De Caza
- Cógelo, venga, no así no, bestia, que lo estripas, tonto. Mira, mira cómo lo hago yo.
La niña se acerca con cuidado al saltamontes, se pone en cuclillas aguantando la respiración, mira con atención al animal, y con un movimiento rápido, lo atrapa, sujetando suavemente las alas del insecto con el dedo índice y el pulgar de su mano derecha. Es entonces, cuando sonríe a su amigo.
- ¿Ves? Es muy fácil.
El saltamontes hace aspavientos con sus patas en su afán de liberarse y la niña siente cosquillas en la palma de su mano.
- No puedes cogerlo con la mano porque si no siempre se escapa, sus saltos son rápidos y no podrías agarrarlo.
La niña observa al animal, saca del bolsillo de sus calzonas una bolsa de pipas vacía y mete en ella al saltamontes, que apenas tiene espacio para frotar sus patas traseras con el cuerpo para emitir un canto de auxilio.
- Se va a morir, no puede respirar...
- Ay, no seas agonía, pues si se muere, luego lo enterramos. Es lo que siempre hacemos mi primo y yo. El próximo que veamos lo coges tú. A ver si eres capaz, ya sabes, sólo tienes que acercarte despacio, quedarte quieto muy cerca de él, y cuando veas que lleva un rato sin moverse, entonces, ¡zas! lo coges por detrás, siempre por las alas, para que no escape.
La niña mira a su amigo, esperando que asienta, que muestre sus mismas ganas.
- No sé, parece difícil...
-¡ Qué va, anda, no seas capullo! A mi al principio me pasaba lo mismo, pero ya no se me escapa ninguno. ¡Mira! ¡allí hay uno! ¡te toca, venga!
monomanías y sinopsis
Quieres detenerte un momento ante el espejo para facilitarte el entendimiento, terminar de asimilar la situación y poder seguir un rato más; aunque sabes que si emborronas la superficie, que si apartas la mirada, romperás el equilibrio encontrado.
Como todo espejo, era de frágil consistencia de todos modos.
Luego queda un brillo, como lo contrario a una mancha, que atestigua tus interrogantes duplicados.
Era la piel exacta.
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Madame Bovary (1857) | Gustave Flaubert
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La Plaza del Diamante | Mercè Rodoreda
sueños de syl
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monomanías y sinopsis
Aunque primero dibuja la línea con la mirada, con la cabeza entera en movimiento, decide que es mejor dejar constancia del acto. Saca un papel en blanco de la estantería, lo pone sobre la mesa de madera y ajusta el borde para que la parte inferior quede paralela al borde de la mesa. Escoge un lápiz de punta blanda del bote, al final cerca de la pared, casi tiene que estirarse para alcanzarlo. Dibuja una línea que cruza el papel en dos y mancha en los extremos la madera. Esta es la frontera que os separa, recita. En esta línea nada podrá crecer, es la idea perfecta de una línea divisoria. Vuelve a estirarse hasta el bote y coge una goma de borrar. Con precisión y exactitud realiza dos borrones en la línea de lápiz: uno de ellos en la parte superior del papel y el otro en la parte inferior. Estas serán vuestras únicas comunicaciones, tendréis que elegir subir o bajar si queréis cruzar al otro lado. No estoy a favor de crear un único camino central, no estoy de acuerdo con el centralismo sino con lo extremo. Estas serán vuestras comunicaciones, repite. O subir o bajar. Con el lápiz garabatea una inicial diferente a cada lado de la línea. Estos serán vuestros idiomas, cada uno el suyo. Vosotros utilizaréis diez sonidos vocálicos y vosotros cuatro. Habrá diccionarios de ambas lenguas en todas las bibliotecas. Debajo de cada inicial realiza un símbolo distinto. Estas serán vuestras monedas, dispondréis del dinero directamente sin pasar por ninguna época de intercambios o trueques. Para cruzar la línea tendréis que cambiar vuestras monedas por las otras, a veces saldréis ganando y otras perdiendo. Esto que queda fuera del papel será vuestro abismo, es decir, vuestro océano. La madera es el océano, son dos océanos divididos por una pequeña mancha de grafito. Cada uno podrá explotar sus recursos como mejor le convenga. La frontera sobre las aguas no tiene comunicación, la línea divisoria es imaginaria. Tendréis que ser cuidadosos. A cada lado operarará un sistema telefónico, eléctrico, aéreo, educativo, industrial, agrícola, ganadero, etc. Suena el timbre, se levanta de la silla y se acerca hasta el portero automático. Sí, ahora bajo. Se pone la chaqueta, coge la cartera y las llaves y cierra la puerta. Unas motas de polvo se aceleran bajo la luz del sol, se posan sobre el papel y dan comienzo así las primeras generaciones espontáneas, una a cada lado de la línea.
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sueños de syl

Sally, incrédula, vuelve a mirarse al espejo. Su mano derecha ha desaparecido. Es incorpórea, no está. Lleva cinco minutos frente al espejo, observando cómo su brazo derecho parece bailar una danza macabra, solo, desmembrado, perdido, abandonado a su suerte. Pero lo más raro, lo más desconcertante es que ella siente la mano, se la toca con su mano izquierda, palpando cada dedo, cada cartílago, las uñas sin arreglar, e incluso el anillo de su abuela. Está más que asustada, le invaden sudores, escalofríos, y unas palpitaciones que, hasta entonces, no había sentido. El corazón galopa en su interior con una fuerza insistente y voraz que amenaza con salir disparado. No sabe si es real, si es su mente, ¿será un sueño? Tampoco puede entender que, de manera tan casual, su voz haya cambiado tanto en el trascurso de la mañana. El carisma y la sensualidad de su tono ha pasado a ser un ridículo hilo de voz que hasta ahora había tomado por una leve, aunque no por ello menos alarmante, afonía. ¿Y si llama a Paul? Seguro que él encontrará una razón y la ayudará. Coge el teléfono, Paul responde con un monosílabo y Sally le cuenta, con voz entrecortada su gran desconcierto. Paul, tranquilo, la escucha. Es el más mayor de todos. El más paciente. El que más tiempo lleva.
- Estás desapareciendo.
- ¡¿Qué?!
- Sally, escúchame, estás desapareciendo. Ha llegado el momento. Sabemos que cualquier día nos puede pasar a todos, puede ser que sea durante un día, dos días, una semana, un mes, años, décadas o para siempre. A no ser que Él vuelva a ti, nunca se sabe. Ya sabes cómo funciona, cómo funcionamos. Los personajes inacabados, desmembrados, terminan desapareciendo, no aspiran a la eternidad. Lo siento, Sally, te has quedado sin historia.
- ¡Eso es imposible! ¡No puede ser! ¡Yo era la protagonista! ¡Además, me siento el corazón!.
- Eso no es una razón, Sally, estás a punto...estás a punto de convertirte en... en un personaje desahuciado, te has quedado sin historia. Lo siento, amiga.
Paul guarda silencio durante unos instantes.
- Sabes lo que tienes que hacer, ¿no?
- Sí, creo que sí... ¿pero eso es todo? No me puedo creer que esto sea todo, ¿todo acaba así? Paul, no me digas que todo acaba así...
- Lo siento.No puedo hacer más por ti, Sally.
- Está bien... gracias Paul.
Sally cuelga el teléfono. Se sienta en la cama y se mira en el espejo, cuyo reflejo le devuelve su viva imagen sin mano derecha.
- No puede ser – murmura.
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de Cartas a un joven poeta (1903) | Rainer Maria Rilke






