"El ruido de la ciudad parece haber quedado atrás, amortiguado. Me detengo a contemplar el juego de las nubes en el cielo, una procesión de manchas alargadas, que viajan con parsimonia hacia el oeste. La luz ha adquirido una coloración intensa, de un azul metálico, que se adhiere con precisión al contorno de los edificios. En el vestíbulo del MET, de frente, a lo lejos, colgados de las paredes, reconozco los Chagall, dos telas gigantescas pobladas de seres irreales que flotan ingrávidos en una espacio imposible".
Llámame Brooklyn (2006) | Eduardo Lago
monomanías y sinopsis
cómo crear países
Aunque primero dibuja la línea con la mirada, con la cabeza entera en movimiento, decide que es mejor dejar constancia del acto. Saca un papel en blanco de la estantería, lo pone sobre la mesa de madera y ajusta el borde para que la parte inferior quede paralela al borde de la mesa. Escoge un lápiz de punta blanda del bote, al final cerca de la pared, casi tiene que estirarse para alcanzarlo. Dibuja una línea que cruza el papel en dos y mancha en los extremos la madera. Esta es la frontera que os separa, recita. En esta línea nada podrá crecer, es la idea perfecta de una línea divisoria. Vuelve a estirarse hasta el bote y coge una goma de borrar. Con precisión y exactitud realiza dos borrones en la línea de lápiz: uno de ellos en la parte superior del papel y el otro en la parte inferior. Estas serán vuestras únicas comunicaciones, tendréis que elegir subir o bajar si queréis cruzar al otro lado. No estoy a favor de crear un único camino central, no estoy de acuerdo con el centralismo sino con lo extremo. Estas serán vuestras comunicaciones, repite. O subir o bajar. Con el lápiz garabatea una inicial diferente a cada lado de la línea. Estos serán vuestros idiomas, cada uno el suyo. Vosotros utilizaréis diez sonidos vocálicos y vosotros cuatro. Habrá diccionarios de ambas lenguas en todas las bibliotecas. Debajo de cada inicial realiza un símbolo distinto. Estas serán vuestras monedas, dispondréis del dinero directamente sin pasar por ninguna época de intercambios o trueques. Para cruzar la línea tendréis que cambiar vuestras monedas por las otras, a veces saldréis ganando y otras perdiendo. Esto que queda fuera del papel será vuestro abismo, es decir, vuestro océano. La madera es el océano, son dos océanos divididos por una pequeña mancha de grafito. Cada uno podrá explotar sus recursos como mejor le convenga. La frontera sobre las aguas no tiene comunicación, la línea divisoria es imaginaria. Tendréis que ser cuidadosos. A cada lado operarará un sistema telefónico, eléctrico, aéreo, educativo, industrial, agrícola, ganadero, etc. Suena el timbre, se levanta de la silla y se acerca hasta el portero automático. Sí, ahora bajo. Se pone la chaqueta, coge la cartera y las llaves y cierra la puerta. Unas motas de polvo se aceleran bajo la luz del sol, se posan sobre el papel y dan comienzo así las primeras generaciones espontáneas, una a cada lado de la línea.
Aunque primero dibuja la línea con la mirada, con la cabeza entera en movimiento, decide que es mejor dejar constancia del acto. Saca un papel en blanco de la estantería, lo pone sobre la mesa de madera y ajusta el borde para que la parte inferior quede paralela al borde de la mesa. Escoge un lápiz de punta blanda del bote, al final cerca de la pared, casi tiene que estirarse para alcanzarlo. Dibuja una línea que cruza el papel en dos y mancha en los extremos la madera. Esta es la frontera que os separa, recita. En esta línea nada podrá crecer, es la idea perfecta de una línea divisoria. Vuelve a estirarse hasta el bote y coge una goma de borrar. Con precisión y exactitud realiza dos borrones en la línea de lápiz: uno de ellos en la parte superior del papel y el otro en la parte inferior. Estas serán vuestras únicas comunicaciones, tendréis que elegir subir o bajar si queréis cruzar al otro lado. No estoy a favor de crear un único camino central, no estoy de acuerdo con el centralismo sino con lo extremo. Estas serán vuestras comunicaciones, repite. O subir o bajar. Con el lápiz garabatea una inicial diferente a cada lado de la línea. Estos serán vuestros idiomas, cada uno el suyo. Vosotros utilizaréis diez sonidos vocálicos y vosotros cuatro. Habrá diccionarios de ambas lenguas en todas las bibliotecas. Debajo de cada inicial realiza un símbolo distinto. Estas serán vuestras monedas, dispondréis del dinero directamente sin pasar por ninguna época de intercambios o trueques. Para cruzar la línea tendréis que cambiar vuestras monedas por las otras, a veces saldréis ganando y otras perdiendo. Esto que queda fuera del papel será vuestro abismo, es decir, vuestro océano. La madera es el océano, son dos océanos divididos por una pequeña mancha de grafito. Cada uno podrá explotar sus recursos como mejor le convenga. La frontera sobre las aguas no tiene comunicación, la línea divisoria es imaginaria. Tendréis que ser cuidadosos. A cada lado operarará un sistema telefónico, eléctrico, aéreo, educativo, industrial, agrícola, ganadero, etc. Suena el timbre, se levanta de la silla y se acerca hasta el portero automático. Sí, ahora bajo. Se pone la chaqueta, coge la cartera y las llaves y cierra la puerta. Unas motas de polvo se aceleran bajo la luz del sol, se posan sobre el papel y dan comienzo así las primeras generaciones espontáneas, una a cada lado de la línea.
cita
"Esto del horario de verano es una lata, dijo la mujer. ¿Qué más da?, respondió el hombre. Se hace para ganar horas de luz y ahorrar en electricidad. Ya lo sé, insistió ella, pero es una lata. No sé por qué mañana ha de tener veintitrés horas en lugar de las veinticuatro de siempre. Hoy, la rectificó el hombre. ¿Qué?, le preguntó ella. Hoy, recalcó él, ya estamos en domingo. A partir de las doce de la noche ya se está en el día siguiente. Pues eso, ¿por qué he de perder una hora de mi vida?, prosiguió la mujer. Hay muchas cosas que no entiendo. Él se la quedó mirando. Ya la recuperarás en octubre, dijo. Y además, añadió ella molesta, ¿por qué hay que adelantar el reloj a las dos y no a otra hora?"
Braudel por Braudel (1999) | A. G. Porta
cita
Vera y el Viento
"Me miró a los ojos, calibrando la sinceridad de mi respuesta. Sostuve su mirada. Sus ojos eran hermosos y extraños, con el iris descolorido, como si hubiese visto demasiadas cosas horribles; ojos en lo que parecía latir una tormenta antigua, ya calmada".
Detrás del Hielo (2006) | Marcos Ordóñez
sueños de syl

imágenes de iván
El Personaje
Sally, incrédula, vuelve a mirarse al espejo. Su mano derecha ha desaparecido. Es incorpórea, no está. Lleva cinco minutos frente al espejo, observando cómo su brazo derecho parece bailar una danza macabra, solo, desmembrado, perdido, abandonado a su suerte. Pero lo más raro, lo más desconcertante es que ella siente la mano, se la toca con su mano izquierda, palpando cada dedo, cada cartílago, las uñas sin arreglar, e incluso el anillo de su abuela. Está más que asustada, le invaden sudores, escalofríos, y unas palpitaciones que, hasta entonces, no había sentido. El corazón galopa en su interior con una fuerza insistente y voraz que amenaza con salir disparado. No sabe si es real, si es su mente, ¿será un sueño? Tampoco puede entender que, de manera tan casual, su voz haya cambiado tanto en el trascurso de la mañana. El carisma y la sensualidad de su tono ha pasado a ser un ridículo hilo de voz que hasta ahora había tomado por una leve, aunque no por ello menos alarmante, afonía. ¿Y si llama a Paul? Seguro que él encontrará una razón y la ayudará. Coge el teléfono, Paul responde con un monosílabo y Sally le cuenta, con voz entrecortada su gran desconcierto. Paul, tranquilo, la escucha. Es el más mayor de todos. El más paciente. El que más tiempo lleva.
- Estás desapareciendo.
- ¡¿Qué?!
- Sally, escúchame, estás desapareciendo. Ha llegado el momento. Sabemos que cualquier día nos puede pasar a todos, puede ser que sea durante un día, dos días, una semana, un mes, años, décadas o para siempre. A no ser que Él vuelva a ti, nunca se sabe. Ya sabes cómo funciona, cómo funcionamos. Los personajes inacabados, desmembrados, terminan desapareciendo, no aspiran a la eternidad. Lo siento, Sally, te has quedado sin historia.
- ¡Eso es imposible! ¡No puede ser! ¡Yo era la protagonista! ¡Además, me siento el corazón!.
- Eso no es una razón, Sally, estás a punto...estás a punto de convertirte en... en un personaje desahuciado, te has quedado sin historia. Lo siento, amiga.
Paul guarda silencio durante unos instantes.
- Sabes lo que tienes que hacer, ¿no?
- Sí, creo que sí... ¿pero eso es todo? No me puedo creer que esto sea todo, ¿todo acaba así? Paul, no me digas que todo acaba así...
- Lo siento.No puedo hacer más por ti, Sally.
- Está bien... gracias Paul.
Sally cuelga el teléfono. Se sienta en la cama y se mira en el espejo, cuyo reflejo le devuelve su viva imagen sin mano derecha.
- No puede ser – murmura.
Sally, incrédula, vuelve a mirarse al espejo. Su mano derecha ha desaparecido. Es incorpórea, no está. Lleva cinco minutos frente al espejo, observando cómo su brazo derecho parece bailar una danza macabra, solo, desmembrado, perdido, abandonado a su suerte. Pero lo más raro, lo más desconcertante es que ella siente la mano, se la toca con su mano izquierda, palpando cada dedo, cada cartílago, las uñas sin arreglar, e incluso el anillo de su abuela. Está más que asustada, le invaden sudores, escalofríos, y unas palpitaciones que, hasta entonces, no había sentido. El corazón galopa en su interior con una fuerza insistente y voraz que amenaza con salir disparado. No sabe si es real, si es su mente, ¿será un sueño? Tampoco puede entender que, de manera tan casual, su voz haya cambiado tanto en el trascurso de la mañana. El carisma y la sensualidad de su tono ha pasado a ser un ridículo hilo de voz que hasta ahora había tomado por una leve, aunque no por ello menos alarmante, afonía. ¿Y si llama a Paul? Seguro que él encontrará una razón y la ayudará. Coge el teléfono, Paul responde con un monosílabo y Sally le cuenta, con voz entrecortada su gran desconcierto. Paul, tranquilo, la escucha. Es el más mayor de todos. El más paciente. El que más tiempo lleva.
- Estás desapareciendo.
- ¡¿Qué?!
- Sally, escúchame, estás desapareciendo. Ha llegado el momento. Sabemos que cualquier día nos puede pasar a todos, puede ser que sea durante un día, dos días, una semana, un mes, años, décadas o para siempre. A no ser que Él vuelva a ti, nunca se sabe. Ya sabes cómo funciona, cómo funcionamos. Los personajes inacabados, desmembrados, terminan desapareciendo, no aspiran a la eternidad. Lo siento, Sally, te has quedado sin historia.
- ¡Eso es imposible! ¡No puede ser! ¡Yo era la protagonista! ¡Además, me siento el corazón!.
- Eso no es una razón, Sally, estás a punto...estás a punto de convertirte en... en un personaje desahuciado, te has quedado sin historia. Lo siento, amiga.
Paul guarda silencio durante unos instantes.
- Sabes lo que tienes que hacer, ¿no?
- Sí, creo que sí... ¿pero eso es todo? No me puedo creer que esto sea todo, ¿todo acaba así? Paul, no me digas que todo acaba así...
- Lo siento.No puedo hacer más por ti, Sally.
- Está bien... gracias Paul.
Sally cuelga el teléfono. Se sienta en la cama y se mira en el espejo, cuyo reflejo le devuelve su viva imagen sin mano derecha.
- No puede ser – murmura.
cita
"Lea lo menos que pueda de cosas estético-críticas: o son opiniones partidistas, petrificadas y vaciadas de sentido en su endurecimiento contra la vida, o son hábiles juegos de palabras, en que hoy se saca una opinión y mañana la opuesta. Las obras de arte son de una infinita soledad, y con nada se pueden alcanzar menos que con la crítica. Sólo el amor puede captarlas y retenerlas, y sólo él puede tener razón frente a ellas."
de Cartas a un joven poeta (1903) | Rainer Maria Rilke
de Cartas a un joven poeta (1903) | Rainer Maria Rilke
cortesías de julia

Estimados señores editores de Austral,
la constante irregularidad que concede la excedencia ha hecho que caiga en mis manos, por el camino prácticamente oficial de préstamo de la biblioteca en la que trabajo, el maravilloso ejemplar que ustedes han publicado en 2010, muy acertadamente como conmemoración a los cien años de la muerte de Tolstói: su edición especial de Ana Karenina.
Sólo unos comentarios con los que, como viene siendo mi costumbre, informo a las editoriales sobre aquellos pequeños errores tipográficos que juego a cazar, como mariposas maltrechas, que hayan superado las correspondientes revisiones:
SEGUNDA PARTE
- Capítulo XII, página 188, línea 34: primera cuestión con los nombres rusos. Aquí el apellido de María aparece con "k" mientras que en anteriores y posteriores ocasiones aparece como "Nicolaevna" con "c".
- Capítulo XIV, página 198, línea 22: Oblonsky visita a Levin y le comenta que va a vender el bosque de "Erguchovo". Más adelante, el topónimo utilizado es "Erguchevo".
CUARTA PARTE
- Capítulo IX, página 472, línea 33: mismo conflicto "Erguchovo".
QUINTA PARTE
- Capítulo XXV, página 634, línea 6: "una" por "unas". (Encontré otra ausencia similar de un plural en algún otro lugar del libro, pero la lectura arrebatada a la que me abandoné me impidió anotar aquélla).
- Capítulo XXIX, página 650, línea 7: aquí el apellido del hijo de Ana, Sergio, aparece como Alejandrovich. Me pregunto si, como en otros pasajes, no debería rezar dicho apellido también como Alexievich.
SEXTA PARTE
- Capítulo XXII, página 767, línea 26: Alexis Alejandrovich no está presente en la reunión, sino que es Vronsky, el otro Alexis. "Alejandrovich" debería ser sustituido por "Constantinovich".
SÉPTIMA PARTE
- Capítulo II, página, 825, línea 5: "Katerina Alejandrovna". Los múltiples nombres de la dulce Kitty (Katia, Kateñka) son variables, lo que me extraña es que aquí aparezca como "Katerina" cuando previamente se nos fue presentada como "Catalina Alejandrovna". Cuestión de traducción, quiero imaginar, pero se echa de menos la coherencia en este sentido, es decir: o siempre Katerina o siempre Catalina.
- Capítulo XIV, página 869, línea 23: "todos" por "todas".
Un verdadero placer releer esta novela de novelas, traída desde el principio del tiempo de todas las mujeres de mi generación, cuando éramos tan soñadoras como trágicas, deseosas de formar parte de una novela, de cualquier novela. La edad revela las verdades, las aposenta. Es éste un libro mayúsculo, sobresaliente. De los que nos sobreviven a todos.
Gratamente agradecida,
Julia
Cortesía de Julia, bibliotecaria de la isla.
la constante irregularidad que concede la excedencia ha hecho que caiga en mis manos, por el camino prácticamente oficial de préstamo de la biblioteca en la que trabajo, el maravilloso ejemplar que ustedes han publicado en 2010, muy acertadamente como conmemoración a los cien años de la muerte de Tolstói: su edición especial de Ana Karenina.
Sólo unos comentarios con los que, como viene siendo mi costumbre, informo a las editoriales sobre aquellos pequeños errores tipográficos que juego a cazar, como mariposas maltrechas, que hayan superado las correspondientes revisiones:
SEGUNDA PARTE
- Capítulo XII, página 188, línea 34: primera cuestión con los nombres rusos. Aquí el apellido de María aparece con "k" mientras que en anteriores y posteriores ocasiones aparece como "Nicolaevna" con "c".
- Capítulo XIV, página 198, línea 22: Oblonsky visita a Levin y le comenta que va a vender el bosque de "Erguchovo". Más adelante, el topónimo utilizado es "Erguchevo".
CUARTA PARTE
- Capítulo IX, página 472, línea 33: mismo conflicto "Erguchovo".
QUINTA PARTE
- Capítulo XXV, página 634, línea 6: "una" por "unas". (Encontré otra ausencia similar de un plural en algún otro lugar del libro, pero la lectura arrebatada a la que me abandoné me impidió anotar aquélla).
- Capítulo XXIX, página 650, línea 7: aquí el apellido del hijo de Ana, Sergio, aparece como Alejandrovich. Me pregunto si, como en otros pasajes, no debería rezar dicho apellido también como Alexievich.
SEXTA PARTE
- Capítulo XXII, página 767, línea 26: Alexis Alejandrovich no está presente en la reunión, sino que es Vronsky, el otro Alexis. "Alejandrovich" debería ser sustituido por "Constantinovich".
SÉPTIMA PARTE
- Capítulo II, página, 825, línea 5: "Katerina Alejandrovna". Los múltiples nombres de la dulce Kitty (Katia, Kateñka) son variables, lo que me extraña es que aquí aparezca como "Katerina" cuando previamente se nos fue presentada como "Catalina Alejandrovna". Cuestión de traducción, quiero imaginar, pero se echa de menos la coherencia en este sentido, es decir: o siempre Katerina o siempre Catalina.
- Capítulo XIV, página 869, línea 23: "todos" por "todas".
Un verdadero placer releer esta novela de novelas, traída desde el principio del tiempo de todas las mujeres de mi generación, cuando éramos tan soñadoras como trágicas, deseosas de formar parte de una novela, de cualquier novela. La edad revela las verdades, las aposenta. Es éste un libro mayúsculo, sobresaliente. De los que nos sobreviven a todos.
Gratamente agradecida,
Julia
Cortesía de Julia, bibliotecaria de la isla.
cita
"Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desperación. Lo poseíamos todo, pero no teníamos nada;"
Historia de Dos Ciudades (1859) | Charles Dickenssueños de syl
Mujer de ojos amarillos, mujer irreal, mujer soñada, mujer perdida, mujer arrodillada, suplicante; mujer espía, mujer-pájaro y mujer pantera; mujer gorda de ojos negros, mujer blanca y mujer negra; mujer artista, mujer cuyo canto atrapa a marineras y pescadoras en su búsqueda de tierras olvidadas, ya perdidas; mujer de libro, de historias contadas, anheladas; mujer ardiente, mujer canalla, mujer de cuadro, dibujada e imaginada, mujer de nadie, mujer mía; mujer que llora porque morirá en mis sueños, mujer que llora porque vivirá, eterna.
[Fundido en negro].
cita
"Todos los días te quedas aislado del mundo durante horas, habitando lo que has dado por denominar una burbuja sin aire, aunque debe haberlo porque estás respirando, pero es aire muerto, aire quieto durante siglos, y en ese ambiente sofocante muchas veces te sientes soñoliento, narcotizado hasta el letargo, y tratas de que no te venza el deseo de echarte a dormir en el suelo."
Invisible (2009) | Paul Auster
Invisible (2009) | Paul Auster
bípedos
trayecto
El niño Adrián piensa menudo rollo yo quiero ir a la piscina. Su madre al volante le repite que te pongas el cinturón o esta tarde no hay ordenador. Accede a regañadientes sacándole la lengua al aire ardiente de la siesta. Piensa quiero ser mayor. Piensa quiero tener catorce años como en el tuenti y no nueve. Cuando recojamos a mi amigo del tren vamos a casa y chateas con tus amigos del campamento, ¿vale? Se vuelve hacia él en un semáforo, adelanta una mano para buscarle las cosquillas perdidas. Vale mamá. Yo no tengo cosquillas mamá. Hola Adrián dice el amigo barbudo de mamá al sentarse a su lado. Ya no te acuerdas de mí con lo que te reías de chico. Te hacía así. Y sintió bajo los brazos cómo la electricidad única de aquellos dedos le hacía explotar, nueva, la risa primitiva de las cosquillas.
(microrrelato en 149 palabras)
primera vez
A la mañana siguiente se despertó temprano. Se miraba el cuerpo medio dormido cercano a la taza de café, esperando el despertar tranquilo de los domingos. Se acariciaba despacio las extremidades, tratando de encontrar alguna diferencia en los músculos, en la piel, diciéndose no es posible que no hayan quedado marcas de anoche. Como si el primer orgasmo infinito se hubiese emparedado en la habitación, ayudado por los brazos largos y amables que hicieron de chófer a su cuerpo achispado. Abrió las piernas y buscó entre ellas algún símbolo de realidad, restos del viaje, un mapa de la ruta recorrida, cualquier rastro con tal de asegurarse de que no lo había soñado. La incredulidad pastosa de su cuerpo adormilado fue sustituida por la impresión ante el espejo: observó cómo las arrugas de la almohada le habían tatuado en la frente una palabra inversa de cuatro letras.
(microrrelato en 148 palabras)
memoria
Con su chaqueta a cuadros de domingo sin misa Paquito regresa a casa con el periódico y el pan bajo el brazo derecho, siguiendo exactamente la misma ruta dominical de cada mes de cada año desde que era niño. Regresa lento a la casa donde nació, donde se casó, donde crió a sus hijos y donde murió su esposa. Arrastra un poco los pies al caminar para contarle al suelo que ya está muy viejo y muy cansado. Se detiene ante las escaleras que comunican con su casa para tomar aire y fuerzas y ánimo, pero las piernas se le quedan pegadas a la acera. Ha perdido, no sabe cuándo ni dónde, la memoria antigua necesaria que hace que su cuerpo sepa subir unas escaleras. Paquito se queda entonces muy quieto. Comienza a brotarle una lágrima al divisar, como un bulto, al vecino taxista aproximándose.
(microrrelato en 146 palabras)
El niño Adrián piensa menudo rollo yo quiero ir a la piscina. Su madre al volante le repite que te pongas el cinturón o esta tarde no hay ordenador. Accede a regañadientes sacándole la lengua al aire ardiente de la siesta. Piensa quiero ser mayor. Piensa quiero tener catorce años como en el tuenti y no nueve. Cuando recojamos a mi amigo del tren vamos a casa y chateas con tus amigos del campamento, ¿vale? Se vuelve hacia él en un semáforo, adelanta una mano para buscarle las cosquillas perdidas. Vale mamá. Yo no tengo cosquillas mamá. Hola Adrián dice el amigo barbudo de mamá al sentarse a su lado. Ya no te acuerdas de mí con lo que te reías de chico. Te hacía así. Y sintió bajo los brazos cómo la electricidad única de aquellos dedos le hacía explotar, nueva, la risa primitiva de las cosquillas.
(microrrelato en 149 palabras)
primera vez
A la mañana siguiente se despertó temprano. Se miraba el cuerpo medio dormido cercano a la taza de café, esperando el despertar tranquilo de los domingos. Se acariciaba despacio las extremidades, tratando de encontrar alguna diferencia en los músculos, en la piel, diciéndose no es posible que no hayan quedado marcas de anoche. Como si el primer orgasmo infinito se hubiese emparedado en la habitación, ayudado por los brazos largos y amables que hicieron de chófer a su cuerpo achispado. Abrió las piernas y buscó entre ellas algún símbolo de realidad, restos del viaje, un mapa de la ruta recorrida, cualquier rastro con tal de asegurarse de que no lo había soñado. La incredulidad pastosa de su cuerpo adormilado fue sustituida por la impresión ante el espejo: observó cómo las arrugas de la almohada le habían tatuado en la frente una palabra inversa de cuatro letras.
(microrrelato en 148 palabras)
memoria
Con su chaqueta a cuadros de domingo sin misa Paquito regresa a casa con el periódico y el pan bajo el brazo derecho, siguiendo exactamente la misma ruta dominical de cada mes de cada año desde que era niño. Regresa lento a la casa donde nació, donde se casó, donde crió a sus hijos y donde murió su esposa. Arrastra un poco los pies al caminar para contarle al suelo que ya está muy viejo y muy cansado. Se detiene ante las escaleras que comunican con su casa para tomar aire y fuerzas y ánimo, pero las piernas se le quedan pegadas a la acera. Ha perdido, no sabe cuándo ni dónde, la memoria antigua necesaria que hace que su cuerpo sepa subir unas escaleras. Paquito se queda entonces muy quieto. Comienza a brotarle una lágrima al divisar, como un bulto, al vecino taxista aproximándose.
(microrrelato en 146 palabras)
cita
reproduce su película inmortal
en los espejos.
La cinta se fragmenta a cada paso
y se barajan los episodios.
Los actores son siempre distintos.
Tú y yo actores anónimos
un día pasaremos ante el objetivo.
La calle llena el cuarto.
Los espejos acuarios
fluyen sus aguas turbias.
Encenderemos las baterias.
El cuarto se va por los espejos.
A toda luz mis palabras-reflectores
proyectan un film sentimental.
Poema escrito entre 1917-1936 por Lucía Sánchez Saornil
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