a los que orbitan

un proyecto en forma de libro... una selección de textos agrupados... e ilustrados...
el desorden de un blog... las órbitas paralelas...
a los que orbitan...

estudio onírico en diez etapas: 7

cielosueño de iván

7.
“¿…?”… “¿…?”… “¡…!”… “…”…
7 ¼. Un precipicio. Una letra C gigantesca. Copos de nieve que giran. Muchas cajas de cartón apiladas. Tus bambas hace dos años que caminan sin tus pies.
7 ½. El ruido intermitente de los coches te recuerda a las olas del mar. Te asomas al precipicio y te ves desde el aire al mismo tiempo. Un grito de “¡Taxi!”… convierte tu océano en asfalto.
7 ¾. Te tumbas bajo el sol de invierno con una manta. Cierras los ojos y ves cosas. Hora de digestión. Eres un reptil. Tienes varios pares de párpados que se van cerrando uno tras otro. Ojos de cocodrilo. Lágrimas de nada. No son sueños de siesta sino el reposo del caos. Tu caos es un caos que no se queda quieto. La manta se te queda pequeña, el sol muy lejos y el pasado muy cerca, muy grande. No puedes recortarlo con las tijeras.

estudio onírico en diez etapas: 6

cielosueño de iván

6. soñar con el pasado te convierte en poeta.
“Lalalalalalalalalalala”… Eres un poeta sordo que tararea canciones de estribillo fácil. Buscas el personaje que representas para ti mismo en los libros de la biblioteca, en los estribillos fáciles de la radio.
No es exactamente eso.
Así que escribes en un cuaderno de los chinos, o en servilletas de bar, o detrás de los recibos del banco. Dejas llevar tu mano que se deja llevar por otro órgano y no miras cuál es. A lo mejor hablan más de uno y más de dos, o puede incluso que tengan una conversación a tres bandas entre ellos. Tu mano ejerce de portavoz de todo aquello que fluye desde tu pasado para que vuelvas a enfrentarte a ello cuando lo relees. Te mezclan sueños con realidades y tú sólo cambias de tinta azul a tinta negra cuando se acaba.
Y se acaba una y se acaba la otra y tú sigues con tus dudas y te miras esa mano que se deja llevar y piensas que te gustaría que se llevara a sí misma a otros lugares oculares pero esos dedos son ahora torpes y sobre todo fríos y duelen después de un rato.
Te muerdes las uñas de manera distraída mientras tarareas “Lalalalalalalalalalala”…
Piensas en que quizás tus muros se están levantando, y los imaginas como persianas enrollables de bar (porque si los imaginases de piedra tendrías que pensar todo lo contrario: que se caen, que se desmoronan), pero tu visión es optimista y resulta que suben y suben y suben y pones el cartel de abierto hasta el amanecer y sonríes mirando hacia arriba viendo tus muros con los que ya no te chocas. “Lalala”…
Nadie entra. Nadie sale. Miras el teléfono público al fondo de la barra. Rebuscas en tus bolsillos y no llevas nada suelto. No es momento de pensar en llamadas. Agarras una servilleta y escribes sobre las persianas enrollables de los bares, dotándolas de un sentido figurado, simbólico.
Te entra mucho frío.
Huyes de allí. Te tiras a las aceras de piel sin enredarte en ningún vello de camino a tu castillo.
Por el camino encuentras a una mujer con otra mujer. La mujer en la calle está gritándole a la otra. Sabes que es su hija cuando grita “Hija, es que siempre haces igual, es que no excrementas”… Quieres pensar que quería decir escarmientas.
La poesía está en los gritos de la calle.
Te deshaces de tus bolígrafos azules y negros.
Los poetas son los demás.

estudio onírico en diez etapas: 5

cielosueño de iván

5. soñar con el futuro
que parte del pasado te muestra una vida que nunca sucedió. Te abalanzas sobre un diccionario para buscar el término adecuado que defina en cuatro golpes de voz esa indigna enfermedad donde has sido arrastrado. Encuentras la palabra perfecta: ucronía. “Ucronía con…”… Te entran ganas de vomitar. Vuelves a buscar su número de teléfono. No puedes decir su nombre en voz alta, pero sí puedes leerlo escrito en tu agenda. Hay un atajo si pulsas su inicial. Te tiemblan los dedos que cerraban sus párpados. Botón verde. El número marcado no se encuentra disponible. Confirmas la irrealidad de tu enfermedad. “¿Dónde estarás?”… “¿Cómo estarás?”…

estudio onírico en diez etapas: 4

cielosueño de iván

4. soñar con el pasado es meterte en el cuarto de espejos
de la feria imaginada, no de la real. Tienes que magnificar tu recuerdo de aquellas cuatro paredes estrechas y malolientes detrás del tren de la bruja donde te ves a ti mismo multiplicado agarrado a la mano de tu multiplicada madre. Piensas en una película donde el malo jugaba con el bueno dentro de una multiplicidad perfecta. El malo se reía. Pero el bueno sabía cuál era el malo real. Y le pegaba un tiro. Y todos los malos multiplicados caían al suelo. Los espejos rotos. Sólo uno y todos a la vez.
Te ves a ti mismo muchas veces y cada reflejo es diferente. Ninguno es el real porque el verdadero tú no tiene reflejo, es un vampiro que chupa tu pasado. Cuando te cepillas los dientes o te peinas ese rizo rebelde en el ascensor no eres tú. Eras tú hace tiempo, cuando te quedaste congelado haciendo ese movimiento delante del espejo que te atrapó y se quedó contigo dentro.
Hay varios espejos que cuelgan, manteniendo tus retratos vivientes. Sabes dentro de cuáles no deberías mirar, pero las ferias baratas son traicioneras y saben cómo despistarte. Te ves cerrando aquellos ojos con la punta de tus dedos. Te ves acariciando aquellos nudillos. Te destrozas la nariz a base de golpearte con tus imágenes en los espejos buscando la salida. “Madre, ¿dónde estás?”… Ella también está dentro de un espejo, sosteniendo tu mano infantil. Y no puede oírte, porque los gritos del presente desaparecen inmediatamente sin atravesar el tiempo, colgándose en un nuevo espejo donde estás tú, a tu edad, gritando por tu mamá.
Quisieras tener un teléfono que hiciese llamadas en el tiempo a tus retratos vivientes del pasado, avisar a cada uno de ellos de lo que ocurriría en el siguiente espejo. “Hola, soy tú.”…
Terrorífica idea haber puesto aquel espejo en aquella habitación donde os acostábais juntos.
Tus gritos provocan espeluznos a las familias de la atracción de al lado. Tú no sabes salir de allí y ellos piensan que eres la bruja.

estudio onírico en diez etapas: 3

cielosueño de iván

3. soñar con el pasado engorda.
Hay un camino por el que echas a correr: subes una cuesta, subes unas escaleras, pasas una fuente redonda, sigues por una carretera, giras a la izquierda, subes más escaleras, rodeas un antiguo palacio, giras a la izquierda, sigues subiendo, atraviesas un parque, giras a la izquierda, rodeas un estadio, giras a la derecha, cruzas una carretera llena de aprendices de conductor que siempre te ceden el paso, subes una cuesta de cemento, vuelves a girar y ahí está tu camino de tierra por el que das zancadas larguísimas con cuidado de no torcerte un tobillo con las líneas de adoquín que estructuran el terreno cada tres zancadas largas o cuatro normales.
Te paras a mirar las bolitas resinosas de los pinos. Te paras a mirar la basura que alguien no quiso recoger. Saludas a la señora maquillada del perro enano que se ríe de algo que oye en sus auriculares. Vuelves a echar a correr. Quieres que ese camino sea sólo tuyo esta vez, quieres pretender que no hay nadie más en él. Vuelves sobre tus pasos y empiezas de nuevo. Piensas: “Si no me encuentro con nadie esta vez…”… No hay continuación de tu deseo. Tienes miedo de desear así que echas a correr con los puntos suspensivos detrás de los talones que te acompañan durante todas las zancadas.
El camino se acaba y no te cruzas con nadie. “La próxima vez…”… Te falta la respiración que te dé el aliento para articular el final de tu deseo. Te da miedo desear. Ahora también tienes miedo de morir de agotamiento. Te tumbas sobre la hierba del parque del final del camino. La hierba es larga y te entra por debajo del pantalón, en los tobillos, en los riñones, en la nuca. Miras las nubes. Se mueven. Cierras los ojos. Se mueren.
No quieres deshacer tu camino de tierra. Tomas otra ruta inversa que te lleva a lo alto de tu castillo y devoras todo lo que tienes en la nevera. Corres para olvidar que sueñas con el pasado. Comes para olvidar que corres para olvidar.

estudio onírico en diez etapas: 2

cielosueño de iván

2. soñar con el pasado te acoraza.
Cada día es más difícil ver ojos como ojos y manos como manos. Lo malo de los recuerdos es que ya no están contigo. Ya no están aquellos ojos ni aquellas manos. Ni están ahora. Ni siquiera los recuerdas concretamente. Ya no. Cruzas los dedos y cruzas las piernas cuando te tumbas a dormir para no recordarlos. “¿Pero estás bien?”… Sueñas con voces que apenas suenan. Imaginas que sueñas que suenan, que dicen palabras. Descruzas las piernas y piensas en el trabajo. Te desarropas y das vueltas.
Te despiertas en un barco de Joseph Conrad y estás seguro de encontrar el rojo detrás del negro. Esa era tu misión seguramente. Marineros sin dientes te felicitan y tú te sientes como un sabueso.
Sientes tanto frío al despertar que te duele todo el cuerpo. Enciendes la estufa y te aferras a ella con los ojos a medio abrir, con la conciencia a medio hacer, esperando que salga el café. Entra el sol por las ventanas, reflejado en las cristaleras del hotel de la acera de enfrente. Te cuesta distinguir la realidad durante un rato. Quieres hacer esa llamada pero el número ya no existe. Por eso tienes que llamar en sueños. “¡Cuánto tiempo!”… Su cara del pasado congelado te descoloca el día y te distancia de él, dejándote a medio camino, y todo lo que tocas se te cae porque no tienes la fuerza para aferrarlo. Su recuerdo se te planta delante de la frente y te bloquea el resto. Dejas pasar otros ojos y otras manos porque sólo piensas en sus ojos cuando estaban a milímetros de los tuyos y los cerrabas con la punta de tus dedos, y te aferrabas a sus manos tiernas y vuelves a soñar con acariciar los nudillos peludos que te daban la calma del sueño largo de playas desiertas.
Te despiertas en un desierto y nada te extraña. No es tu primera visita. Ya sabes lo que te cuesta caminar, lo que te cuesta distinguir algo que no sean dunas heladas. No puedes quedarte quieto. Sabes que tienes que caminar hacia la luna. Es lo que haces siempre antes de volver a despertar en tu castillo.
Te sientan bien las tormentas porque te unes a ellas. Nunca te han dado miedo sino todo lo contrario. Subes los pies en alto y te alejas de los enchufes. Si te fijas en el triángulo púbico del techo puedes observar cómo comienza a caer un hilillo de agua de lluvia.
El viento golpea todas tus ventanas, golpea todas las ventanas de todo tu edificio, golpea todas las ventanas de todos los edificios de toda tu ciudad.
El viento está loco por ti. Tú observas tus goteras.

estudio onírico en diez etapas: 1

cielosueño de iván

1. soñar con el pasado es incómodo
porque te lo devuelve al presente. Y el presente se vuelve incómodo. El pasado te vuelve. Llamas por teléfono a antiguos amantes sólo para preguntarles qué tal están. Y tú no respondes a ninguna de sus preguntas. Sus preguntas son sordas. Tus oídos se vuelven sordos al pasado. Tú lo que quieres es hablar pero no quieres escuchar. “¿Y tú cómo estás?”… “¿Pero estás bien?”… “No, si yo sólo llamaba para…”…
Sueñas que realizas esas llamadas. Después dudas si hacerlas en realidad. Luego te das cuenta de que los números cambian y nadie te ha avisado. Hay sueños que se quedan en eso. Aunque te dan ideas.
Hay una ciudad donde puedes soñar. En sus calles sólo hay ojos amables y manos tiernas. En esa ciudad tienes una casa donde comer y dormir. Hay una casa en lo más alto de un edificio desde donde ves pasar ojos y manos pequeñitos allí abajo, por las aceras de piel. Cuando bajas de lo alto del castillo miras al suelo y te molesta que te rocen. Prefieres verlos desde la distancia.
Luego lees un libro y te quedas dormido y sueñas con el pasado. “¿Cómo estás?”… Las voces telefónicas en los sueños suenan más distantes aún, pero los teléfonos en los sueños pueden hacerte ver simultáneamente las caras al otro lado. Las caras que sueñas ya no existen, tú te las inventas para llenar el recuerdo, para deshacer el nudo que te hiciste, para traerte el pasado al único lugar donde cobra sentido su pensamiento. Ahora ya sólo sueñas los fines de semana.
Mientras cocinas a fuego lento te tumbas en el sillón y observas el triángulo que hace el techo con dos de las paredes. Piensas en sexos femeninos. Piensas en piernas duras, en pubis de yeso. Tienes veinte minutos de fuego lento para cruzar las manos sobre el pecho y soñar despierto con sexos femeninos. Luego todo se deja reposar. Mañana.
Deseas no soñar y lo consigues. Deseas elegir tus sueños de fin de semana, los únicos que no puedes controlar. Ellos se eligen a sí mismos. Ellos, que son tu pasado, te eligen como vehículo sin frenos, para que no te olvides de ti. Piensas. Sueñas. Sobre todo piensas. Te pican los codos pero no te los rascas. Te pican los ojos y a ellos sí que les concedes alivio. En tus sueños no hay pantallas de ningún tipo. Tarde.
Hay un cine en la ciudad donde vas algunos domingos para encerrarte en la oscuridad, para luego rascarte los ojos y pensar que por fin tienes un motivo. Después los tienes que cerrar y luchas por no quedarte dormido. Quieres leer pero elegiste cine. Abrazas el libro para que sepa que estás cerca. Le rascas la pegatina de la biblioteca y sientes sus gemidos de placer. Noche.

cita

imagen de iván

"Ningún ojo puede ser más perspicaz y agudo que el ojo que nada tiene que crear, que no tiene más que mirar."
La corrupción de un ángel | Yukio Mishima

bípedos

imagen de silvia

cita

"Todos tenemos necesidad de un lugar donde esconder o guardar ciertos recuerdos, pensamientos, impulsos, sueños y esperanzas. Son aspectos de nuestras vidas que no podemos resolver o sobre los cuales no podemos decidir, y al mismo tiempo sentimos miedo de ellos. Para algunos se trata de un lugar real, para otros de un espacio mental, para unos pocos no es nada."
Wong Kar-Wai

cortesías de Julia











Estimados señores editores de Anagrama,
con respecto al ejemplar número 55 de su colección COMPACTOS que corresponde a Vladimir Nabokov Ada o el ardor (sexta edición, noviembre 2006) procedo, como viene siendo habitual, a detallarles los errores tipográficos que esta vista cansada ha podido descubrir:

PRIMERA PARTE
- Capítulo III, página 29, línea 36: "espontánas" por "espontáneas"
- Capítulo V, página 40, línea 9: "romántca" por "romántica"
- Capítulo VI, página 44, línea 18: "espectos" por "espectros"
- Capítulo XII, página 72, línea 22: "poseía" por "poesía"
- Capítulo XIII, página 78, línea 5: "cruva" por "curva"
- Capítulo XVI, página 91, línea 39: "tarde" por "tardes"
- Capítulo XXIV, página 136, línea 3: "le" por "el"
- Capítulo XXX, página 159, línea 32: "éxito" por "éxitos"
- Capítulo XXXI, página 167, línea 14: "próximo" por "próxima"
- Capítulo XXXIII, página 178, línea 4: "exsursión" por "excursión"
- Capítulo XXXIV, página 181, línea 13: "deslizrse" por "deslizarse"
- Capítulo XXXV, página 185, línea 18: "dssprendido" por "desprendido"
- Capítulo XXXV, página 186, línea 3: "llegó" por "llevó"
- Capítulo XXXVI, página 191, línea 22: "porporcionarle" por "proporcionarle"
- Capítulo XXXVIII, página 215, línea 13: "pesenta" por "presenta"
- Capítulo XXXVIII, página 220, línea 19: falta cerrar paréntesis
- Capítulo XXXIX, página 233, línea 36: "pregrunto" por "pregunto"
- Capítulo XLII, página 262, línea 39: "pacticaba" por "practicaba"

SEGUNDA PARTE
- Capítulo III, página 292, línea 9: "un" por "una"
- Capítulo III, página 296, línea 16: "filosófcamente" por "filosóficamente"
- Capítulo VII, página 327, línea 4: "anaranjada" por "anaranjado"
- Capítulo VII, página 331, línea 31: "y" por "e" (aquí pensé que el traductor sería catalán)
- Capítulo VIII, página 348, línea 8: "Tús" por "Tú"

TERCERA PARTE
- Capítulo III, página 380, línea 39: "divertirte" por "divertiste"
- Capítulo VII, página 412, líneas 17 y 18: "peri-stilo" por "peris-tilo"
- Capítulo VIII, página 417, línea 5: "apartamente" por "apartamento"
- Capítulo VIII, página 418, línea 38: "saóln" por "salón"
- Capítulo VIII, página 430, línea 36: "escuentran" por "encuentran"
- Capítulo VIII, página 431, línea 43: "empezaro" por "empezado"

CUARTA PARTE
- Capítulo I, página 444, línea 45: "ráplica" por "réplica"
- Capítulo I, página 453, línea 15: "habían" por "había"
- Capítulo I, página 455, línea 38: "un" por "una"

QUINTA PARTE
- Capítulo VI, página 476, línea 43: "durac"ión" por "duración"

Aparte hay numerosos signos de puntuación ausentes, sobre todo puntos finales de frase.

Me ha apasionado sobremanera este libro, es como recorrer una vida, varias vidas, que van y vienen, claro que una no es objetiva y encuentra sus similitudes, sus esperanzas de que lo que tiene que ser será igualmente, con las dimensiones que concede el cansancio de los años, la revalorización de lo que realmente importa cuando ya nada importa.

Reciban un afectuoso saludo,
Julia

Cortesía de Julia, bibliotecaria de la isla.

los consuelos de armario

Lo que yo entendía como la serenidad de Blanca había ido poco a poco transformándose en astucia de habitación, encuadres que se guardaba para sí y ante los cuales me disparaba sonrisas condescendientes. Todo empezó con el “grupito del gym” hace dos años, una rutina que ella creía necesaria pese a la fascinación que a mí me provocaban sus muslos así, pues tal y como eran, y no las piedras duras de atleta que tiene ahora. “Hoy ceno con las del gym”, “Mañana voy con las del gym a…”, “Qué risa con las del gym cuando…”. A mí no me gustan los cambios, prefiero que las cosas se queden como están. Y punto. Yo era feliz con sus muslos blandos, el sexo quincenal, los agostos en La Manga, las cenas calientes… Pero no se puede evitar que las personas cambien.
Su siguiente cumpleaños lo celebró con ellas y, cuando me enseñó lo que le habían regalado, fue cuando comenzaron mis tics en el ojo izquierdo: un enorme consolador de látex rosado con una verosimilitud pasmosa al pene de casi cualquier actor porno, con detalles imposibles de venas esculpidas con una precisión absoluta. Y un tamaño… si es que aquello no era ni medio normal. Y menos cuando las comparaciones con lo propio son inevitables.
Blanca se puso morena con las del gym. Blanca endureció sus muslos con las del gym. Blanca empezó a tener muchos planes con las del gym. Y Blanca utilizaba con demasiada frecuencia su regalo y yo no era capaz ya de controlar los tics de mi ojo y cada vez que entraba por la puerta buscaba en el armario donde guardaba el consolador y arrimaba la nariz con asco sólo para comprobar si olía a látex (me tranquilizaba un poco entonces porque sabía que no había estado jugando con él ese día), pero cuando olía a jabón… ¡Ay madre mía cuando olía a jabón! Como loco me pongo sólo de recordarlo, imaginándomela con ese chisme dentro, gozando con un trozo de plástico, que luego lavaba y devolvía a su envoltorio dentro del armario. Y yo como un pasmarote, muerto de celos… Y la noche aquella que me saca el chisme “para que juguemos con él”, me dice, y yo con eso en la mano y ella que no paraba de reír y yo incapaz de levantar nada y ella que se pone a lo suyo y yo que me tengo que ir a fumar un cigarro porque eso no hay quien lo soporte, hombre, por favor, qué humillación.
El colmo llegó el sábado pasado en su último cumpleaños: esas alimañas pervertidas de su “grupito del gym” van y le regalan unas bolas chinas, que yo cuando me las enseña digo: “¿y eso qué carajo es?” y ella me explica las mil y una maravillas de los ejercicios peritoneales, el fortalecimiento de los músculos vaginales… Y yo que me tengo que ir de la habitación porque ya es mi cara entera la que tiembla por culpa de los tics nerviosos que parece como si me estuviesen martilleando desde dentro de la cabeza.
Y es que ya está bien, Blanca, ya está bien, que uno tiene sus necesidades y quiere que las cosas sean normalitas, pues como antes, como siempre, como toda la vida, y que no le humillen a uno así. Con lo tranquila que tú eras antes de juntarte con esa panda de degeneradas que parece que sólo piensen con el coño… Pero hasta aquí hemos llegado. Ni pollas de plástico ni bolas de los cojones, esto se va todo a la basura ahora mismo, y cuando llegues esta noche ya verás como se te olvidan estas tonterías, y ¿sabes por qué? porque me voy a dedicar a ti como nunca lo he hecho, porque te voy a hacer el amor como un loco de dieciséis centímetros que ya no tendrá más tics en la cara.
Cómo te voy a querer, mi Blanquita, ya verás…
Pero lo primero es bajar la basura. Y ahora mismo.

Texto encargado por Rodrigo Stocco con motivo de su exposición fotográfica en el Centre Cívic Riera Blanca de Barcelona. Marzo de 2010.