monomanías y sinopsis
por la ventana, por la que no corre el aire, entra el sonido de unos grillos, que callan cuando irrumpe una moto la noche y su silencio.
Estoy mintiendo: en la ciudad no hay silencio ni tampoco grillos en plural.
Estoy mintiendo: en la ciudad no hay silencio ni tampoco grillos en plural.
cita
El fogonero | Franz Kafka
"Y, sin embargo, el fogonero no parecía esperar ya nada más. Tenía las manos metidas a medias en el cinturón que, a causa de sus agitados ademanes, asomaba ahora, junto con una franja de su camisa a cuadros."
Traducción de Miguel Sáenz
"Y, no obstante, el fogonero parecía haber perdido la esperanza. Permanecía con las manos metidas a medias en el cinturón del pantalón, el cual, debido a los movimientos causados por la excitación, había dejado asomar las rayas de una camisa con dibujos."
Traducción de José Rafael Hernández Arias
"Y, sin embargo, el fogonero no parecía esperar ya nada más. Tenía las manos metidas a medias en el cinturón que, a causa de sus agitados ademanes, asomaba ahora, junto con una franja de su camisa a cuadros."
Traducción de Miguel Sáenz
"Y, no obstante, el fogonero parecía haber perdido la esperanza. Permanecía con las manos metidas a medias en el cinturón del pantalón, el cual, debido a los movimientos causados por la excitación, había dejado asomar las rayas de una camisa con dibujos."
Traducción de José Rafael Hernández Arias
monomanías y sinopsis
echo de menos mi nombre, su sonoridad desleída, el golpe vocal que me hace girar la cabeza en la calle cuando alguna madre grita casi un monosílabo enérgico y cansado a la revoltosa criatura que también gira su cabecita, pero no, no es mi nombre el que rebota en esas aceras empujado por ecos urbanos sino una forma de educación infantil. Se parece justo al final, cuando podría ser casi cualquier palabra.
Me empeño en firmar cada carta, e-mail o sms con mi nombre, en afianzar
la comunicación nominal en varios momentos de las presentaciones sociales, como si fuese algo digno de recordar antes que una mirada, un color de ropa, un olor. Nada funciona. Nadie me llama ya por mi nombre.
La cotidianeidad lo ha convertido en apodos diversos, unos fríos, otros cariñosos.
Cuatro letras. Dos consonantes. Dos vocales. Orden:
vocal
consonante
vocal (acentuada)
y consonante final, de aquellas que vibran en la laringe y se desdibujan
en la humedad ambiental.
La antigua magia de llamar a alguien por teléfono y durante unos instantes
no saber quién hay al otro lado se ha perdido por culpa de los aparatos
de hoy en día; al tener “tus” contactos incluidos en “tu” agenda, antes de descolgar ya sabes quién “es”, con lo que no tienes que decir tu nombre y el saludo es variable y connotativo, pero sobrepasa esa fase primaria de lenguaje fático que ahorra pasos comunicativos…
.
..
…
Echo de menos mi nombre cuando lo pronunciabas tú.
Me empeño en firmar cada carta, e-mail o sms con mi nombre, en afianzar
la comunicación nominal en varios momentos de las presentaciones sociales, como si fuese algo digno de recordar antes que una mirada, un color de ropa, un olor. Nada funciona. Nadie me llama ya por mi nombre.
La cotidianeidad lo ha convertido en apodos diversos, unos fríos, otros cariñosos.
Cuatro letras. Dos consonantes. Dos vocales. Orden:
vocal
consonante
vocal (acentuada)
y consonante final, de aquellas que vibran en la laringe y se desdibujan
en la humedad ambiental.
La antigua magia de llamar a alguien por teléfono y durante unos instantes
no saber quién hay al otro lado se ha perdido por culpa de los aparatos
de hoy en día; al tener “tus” contactos incluidos en “tu” agenda, antes de descolgar ya sabes quién “es”, con lo que no tienes que decir tu nombre y el saludo es variable y connotativo, pero sobrepasa esa fase primaria de lenguaje fático que ahorra pasos comunicativos…
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..
…
Echo de menos mi nombre cuando lo pronunciabas tú.
sueños de syl
La miro, sus grandes ojos de lagarto parpadean,
y es entonces cuando su lengua de goma se acerca a mi cara y me lame.
cita
imagen de iván
Entre actos | Virginia Woolf
monomanías y sinopsis
estas luces el color de los ojos sienten marcan el morado es más morado el hueso se resiente se retuerce me duele está roto estas luces planetas dentro de las cuencas sirenas tarde yo arriba o al lado lejos de mis ropas la sangre es más morada mi morada lejos cerca luces nadie mira todos tocan hablan nadie mira algo aquí se va fuera de mí allí no duele no siente nadie siente los ojos no miran no ven no veo tengo frío o no lejos las luces las luces la sangre los huesos fracturas interior morado mi piel negra golpes secos odio duele suelo frío la noche larga fuera de mí no importa el color los ojos son rojos pequeños grandes lejos cerca entre pedazos de hueso golpe golpe suelo golpe golpe cielo golpe ruido silencio la noche duele ya no duele se va se va me voy no sé no soy no estoy.
expiro.
expiro.
cuadriláteros
sin estar dormido pero tampoco despierto del todo, es como tener aún un pie dentro de la cama y el otro fuera, el cual trata de hacer su vida cotidiana pero claro, le falta la mitad y la echa de menos, por lo que todo está incompleto, cojo, impar.
La parte que permanece bajo el edredón es igual, no termina de realizar su tarea de descanso porque el pie que está fuera se mantiene allí y nunca entra a descansar; así que ni la vida ni el sueño se realizan de manera completa.
Esta inestabilidad es agotadora. Ni en un sitio ni en otro, sino en dos a la vez sin llegar realmente a estarlo.
La parte que permanece bajo el edredón es igual, no termina de realizar su tarea de descanso porque el pie que está fuera se mantiene allí y nunca entra a descansar; así que ni la vida ni el sueño se realizan de manera completa.
Esta inestabilidad es agotadora. Ni en un sitio ni en otro, sino en dos a la vez sin llegar realmente a estarlo.
cita
"Cuenta la historia, que en la época de los romanos, éstos acostumbraban a repartir, hacia principios de año, tortas dulces con un haba en su interior a los más desfavorecidos. Al afortunado al que le tocara el haba, era coronado rey durante ese día y le daba suerte y prosperidad para el resto del año.
Sin embargo, con el paso de los años, se ha modificado el significado de los símbolos. Al que le toque el haba, será castigado a pagar el Tortel. Y al afortunado que le toque la figurita, será coronado como el rey de la casa."
Tradición popular
Sin embargo, con el paso de los años, se ha modificado el significado de los símbolos. Al que le toque el haba, será castigado a pagar el Tortel. Y al afortunado que le toque la figurita, será coronado como el rey de la casa."
Tradición popular
bípedos de barrio y VIII
palabras trabadas
Hay un señor de traje que traba las palabras sin querer, despeinándolas en el aire.
Pese a la maraña de vocablos partidos no puede disimular un marcado acento gallego.
Allá donde va (y va a muchos sitios), se presenta inmediatamente con una voz extraña.
La voz es tan extraña que se tarda unos instantes en acostumbrar el oído que la escucha.
“Me-me-me-llamo-A-A-Ale-jandro-y-y-noes-noestoy-borracho.”
Pacientemente declama con su armadura vocal farfullada que no está borracho.
Que un ataque al corazón le derramó algo en el cerebro que le afectó la parte del habla.
Que su hijo está de camino para acompañarlo a su revisión.
Hay un quitamiedos en la carretera.
Hay una moto que va a resbalar.
Hay un motorista a punto de morir.
bípedos de barrio VII
la señorita presidenta
La maestra, además de ser maestra, es la presidenta de su comunidad de vecinos.
Su carácter dulce se afila fuera de las aulas, se defiende frente al resto de adultos.
Se impone a sí misma una misión definitoria que la corone como la mejor presidenta.
Un señor de traje balbucea la misma palabra trabada mientras le abre la puerta y sale.
Ella entra ahora en la tienda de rótulos y cierra la puerta sonoramente.
Allí dentro sólo hay adultos, respira hondo y se acoda en el mostrador.
“Buenas tardes. Necesito un cartel que diga: CORREO COMERCIAL NO GRACIAS.
Quiero que sea en color dorado, como los buzones. Y de esta medida exactamente.”
Su iniciativa se compone rápidamente, mirando al techo durante un instante, decide.
“Después del texto que ponga en minúscula: La Comunidad.”
Se divierte imaginando diversas caras del presidente anterior cuando vea su cartel.
bípedos de barrio VI
dibujo en el corcho
A la salida de la guardería todas las manitas encuentran donde agarrarse.
El hermano pequeño que admira a su hermano mayor.
“Pues hoy he hecho un dibujo y… y… y…”.
“Y he hecho un dibujo y la seño lo ha puesto en el corcho”, la manita que se aprieta.
La mano adolescente aprieta a su vez su bolsita de plástico en el bolsillo, sólo asiente.
Cruzan la acera y detrás de unos limones aparecen unos ojos negros.
“¡Chocho! ¡Te cogía te reventaba!”, dice el hermano mayor.
“¡Payaso!”, dice la boca bajo los ojos negros, dejando escapar un limón por la calzada.
“¿Qué es chocho?”, pregunta hacia arriba el hermano pequeño.
“Chochos son las mujeres bonitas”, responde el hermano mayor.
“Entonces mi seño es un chocho”, asegura el hermano pequeño.
A la salida de la guardería todas las manitas encuentran donde agarrarse.
El hermano pequeño que admira a su hermano mayor.
“Pues hoy he hecho un dibujo y… y… y…”.
“Y he hecho un dibujo y la seño lo ha puesto en el corcho”, la manita que se aprieta.
La mano adolescente aprieta a su vez su bolsita de plástico en el bolsillo, sólo asiente.
Cruzan la acera y detrás de unos limones aparecen unos ojos negros.
“¡Chocho! ¡Te cogía te reventaba!”, dice el hermano mayor.
“¡Payaso!”, dice la boca bajo los ojos negros, dejando escapar un limón por la calzada.
“¿Qué es chocho?”, pregunta hacia arriba el hermano pequeño.
“Chochos son las mujeres bonitas”, responde el hermano mayor.
“Entonces mi seño es un chocho”, asegura el hermano pequeño.
bípedos de barrio V
el hermano mayor
SMS: “stoy en la pza. tiens algo?”.
El hombre se despega de la esquina de la iglesia y se encamina hacia la plaza.
Una brisa tibia remueve hacia los lados los envoltorios de plástico del suelo.
El pelo grasiento de un adolescente brilla detrás del quiosco de prensa.
Entre el acné y diversos piercings faciales se distinguen unos ojos pequeños, nerviosos.
Se dirige hacia el hombre que se dirige hacia él, las cuatro manos en los bolsillos.
Ambas cabezas se inclinan en el ritual aprendido de la compra venta.
El intercambio se produce rápido: billete, bolsita, manos a los bolsillos de nuevo.
“Voy a la guardería a por mi hermano pequeño”, dice el adolescente.
El hombre se encoge de hombros y sale de la plaza en búsqueda del sol de esquinas.
Pensando en el fin de semana el adolescente aprieta su bolsita, no demasiado.
SMS: “stoy en la pza. tiens algo?”.
El hombre se despega de la esquina de la iglesia y se encamina hacia la plaza.
Una brisa tibia remueve hacia los lados los envoltorios de plástico del suelo.
El pelo grasiento de un adolescente brilla detrás del quiosco de prensa.
Entre el acné y diversos piercings faciales se distinguen unos ojos pequeños, nerviosos.
Se dirige hacia el hombre que se dirige hacia él, las cuatro manos en los bolsillos.
Ambas cabezas se inclinan en el ritual aprendido de la compra venta.
El intercambio se produce rápido: billete, bolsita, manos a los bolsillos de nuevo.
“Voy a la guardería a por mi hermano pequeño”, dice el adolescente.
El hombre se encoge de hombros y sale de la plaza en búsqueda del sol de esquinas.
Pensando en el fin de semana el adolescente aprieta su bolsita, no demasiado.
bípedos de barrio IV
la frutera sin limas
Un hombre se apoya en la esquina de la iglesia del barrio, mirando hacia arriba.
Los ojos negros de una camarera se quedan pegados a él, bajo el único rayo de sol.
Sus ojos negros le corroboran que es el hombre más guapo del barrio.
Dos kilos de limones desparramados en la báscula.
“¿Hoy tampoco tienes limas? Esta noche hay partido”, pregunta la camarera.
“Hoy tampoco tengo limas. Lo siento. Se me olvidó comprarlas”, responde la frutera.
“Voy a tener que cambiar de frutería. O tachar los mojitos de la pizarra”.
“Te regalo los limones, mujer. Mañana te traigo limas. Prometido”.
“Mañana también hay partido. Y pasado”, piensa la camarera.
Abrazada a sus limones se planta delante del hombre más guapo del barrio.
Él mira su teléfono y ella piensa que tampoco será aquel un padre para su hijo.
Un hombre se apoya en la esquina de la iglesia del barrio, mirando hacia arriba.
Los ojos negros de una camarera se quedan pegados a él, bajo el único rayo de sol.
Sus ojos negros le corroboran que es el hombre más guapo del barrio.
Dos kilos de limones desparramados en la báscula.
“¿Hoy tampoco tienes limas? Esta noche hay partido”, pregunta la camarera.
“Hoy tampoco tengo limas. Lo siento. Se me olvidó comprarlas”, responde la frutera.
“Voy a tener que cambiar de frutería. O tachar los mojitos de la pizarra”.
“Te regalo los limones, mujer. Mañana te traigo limas. Prometido”.
“Mañana también hay partido. Y pasado”, piensa la camarera.
Abrazada a sus limones se planta delante del hombre más guapo del barrio.
Él mira su teléfono y ella piensa que tampoco será aquel un padre para su hijo.
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